TRATAMIENTO PARA LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS
Debido a que los adolescentes que sufren de trastornos alimentarios rara
vez buscan ayuda por su cuenta, es importante que los padres actúen rápidamente
si sospechan que su hijo tiene un problema y que no se escondan detrás de una
pared de negación. Con frecuencia, la enfermera de la escuela del adolescente,
el maestro o el pediatra pueden ser los primeros en advertir a los padres sobre
la posibilidad de un trastorno alimentario y de que se necesita ayuda.
Los padres que mencionan el tema con su adolescente deben esperar una
negación acalorada de que hay algún problema. A menos que el joven aparente
estar en un peligro médico inmediato, es posible que tenga que repetir esta
conversación muchas veces antes de que admita su enfermedad y acepte el
tratamiento. Puede empezar diciendo a su hijo que usted piensa que está sufriendo
de un trastorno alimenticio que sobrepasa su control y que usted está
extremadamente preocupado por él.
Deje que responda. Escuche cuidadosamente y sin juzgar. No critique su
comportamiento ni intente avergonzarlo, esto solamente lo aislará del resto de
la familia. Es mejor no decirle a un anoréxico o bulímico que está muy delgado.
Eso es precisamente lo que desea escuchar.
Al final, presente un plan de acción. Hable con su pediatra sobre cómo
proceder con una evaluación y tratamiento.
·
PRIMERO: ESTABILIZAR
AL PACIENTE
“El propósito de la
intervención médica es tratar al joven por si se presentan complicaciones, si
es necesario”, explica. Esto puede justificar el ingreso al hospital.
Desnutrición severa, definida como menos de 75 por ciento del peso corporal
ideal, es una indicación de atención como paciente hospitalizado. Otras
incluyen deshidratación, trastornos de electrolitos, baja presión, baja
temperatura corporal, ritmo cardíaco lento, pancreatitis e insuficiencia
cardíaca. Un adolescente que con determinación se niega a comer o que se
comporta de manera errática también debe ser hospitalizado.
“Estabilizar médicamente al paciente usualmente se puede hacer
relativamente rápido”, indica el Dr. Golden. “La parte difícil es intentar
hacer que alguien que no ha estado alimentándose, se alimente. Al principio,
estos pacientes no quieren cumplir. También hay una forma para hacerlo. No
puede simplemente empezar a alimentar a una persona desnutrida que pesa ochenta
libras con una dieta de dos mil cuatrocientas calorías; hay pacientes que han
muerto inesperadamente por esta razón”.
El término médico para este fenómeno es síndrome de realimentación. “Primero se describió en el caso de
los sobrevivientes de los campos de concentración, quienes vivían en ayuno
prolongado cuando fueron liberados”, explica. “Después de alimentarlos, algunos
de estos hombres y mujeres murieron. Se considera que el síndrome está
relacionado con las alteraciones en el fósforo y otros electrolitos, las cuales
ocurren cuando vuelve a alimentar a alguien demasiado rápido.
“Así que empezamos muy despacio, quizás mil calorías. Luego, de una
manera muy estructurada, aumentamos la ingesta a doscientas calorías a la vez
cada dos o tres días, basándonos en el peso y metabolismo del paciente”. El
objetivo en la anorexia es lograr que la persona alcance hasta 90 por ciento de
su peso ideal y que corrija todas las deficiencias nutricionales, lo cual puede
tardar algún tiempo. (Los bulímicos que generalmente tienen un peso dentro del
rango normal, rara vez requieren medidas agresivas que pueden ser necesarias
con un anoréxico). Algunos se recuperan bien con una hospitalización parcial,
en la que los pacientes pasan el día en el hospital, pero se van a casa por la
noche.
·
CONTROL
TERAPIA DEL
COMPORTAMIENTO
Uno o más profesionales de salud mental trabajan con los pacientes para
ayudarlos a identificar los aspectos psicológicos de su enfermedad. Los jóvenes
también aprenden cómo cambiar las reacciones autodestructivas que tienen ante
el estrés. Por ejemplo, un comedor compulsivo puede aprender una técnica
conocida como “hacer una pausa”: Cada vez que siente la urgencia de comer en exceso,
se obliga a cambiar a otra actividad; quizás llamar a un amigo por teléfono,
salir a caminar y así sucesivamente.
Además de la terapia individual, los niños con frecuencia participan en
asesoría grupal, así como en terapia familiar. Toda la familia debe hacer
algunos ajustes a medida que continúa el tratamiento. En casa, los padres deben
resistir la tentación de analizar constantemente los hábitos alimenticios del
joven que está en recuperación. Las horas de la comida pueden ser una ocasión
para tener una conversación agradable en familia, no cargada de tensión por lo
mucho o poco que un miembro de la familia esté comiendo.
Los padres pueden ayudar a prevenir las recaídas al supervisar sus
propias actitudes hacia el peso y la dieta, y los mensajes subliminales que
envían. Por ejemplo, un joven pre-adolescente puede preocuparse porque está
aumentando de peso, sin darse cuenta que este tejido, a su debido tiempo, se
convertirá en sus caderas y senos. Un comentario que hagan los padres acerca de
este peso, incluso si lo decían de manera positiva o como una broma, puede
contribuir al inicio de un trastorno alimentario. Además, los padres pueden
estar demasiado preocupados con su propio peso y deben tener cuidado sobre lo
que dicen a sus hijos sobre este tema.
MEDICAMENTOS
Debido a que la depresión es un compañero común de la bulimia, es
posible que se le recete medicamentos antidepresivos en combinación con varias
terapias del comportamiento.
ASESORÍA NUTRICIONAL
La asesoría nutricional es un componente clave para recuperarse de un
trastorno alimenticio. El nutricionista instruye al joven sobre cómo comer de
manera saludable pero tomando en cuenta sus comportamientos pasados. Por
ejemplo, los bulímicos con frecuencia tienen dificultad para descifrar las
señales que el cuerpo transmite al cerebro cuando tiene hambre o está lleno.
Los jóvenes que tienen un historial de comer en exceso y vomitar pueden
preocuparse porque están comiendo demasiado y sentirse tentados a dejar de
comer o regresar a sus antiguos hábitos. Comer comidas pequeñas y frecuentes en
lugar de los tres tiempos convencionales al día mantiene controlada su hambre y
su ansiedad.
El nutricionista podría sugerir que su adolescente mantenga un diario de
alimentación, escribiendo todo lo que ha comido, cuándo y sus emociones y
razones para comer. Sin embargo, esta práctica se debe interrumpir si parece
promover preocupación por los alimentos y la dieta.

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